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Venezuela: fraude y desencanto

Por  - Conferencista y escritor para INFOBAE

Sin duda alguna los cubanos no son los más indicados para proponer a la oposición venezolana fórmulas que conduzcan a la derrota del régimen, pero sí pueden recomendar qué no se debe hacer si el objetivo es impedir que la corporación del crimen organizado que controla el país, como la califica el analista y experto petrolero Horacio Medina, se perpetúe en el poder.

Si el castrochavismo ganó los comicios regionales para gobernadores a pesar de la profunda crisis de popularidad que enfrenta, es, entre otros motivos, por el fraude y las contradicciones de un sector de la oposición que han afectado a la ciudadanía, que al parecer ya no considera la propuesta de cambio como una alternativa bien comprometida con los intereses de la comunidad.

No tiene sentido denunciar que la autoridad electoral responde al Poder Ejecutivo, afirmar que las elecciones para elegir la Asamblea Nacional Constituyentes fueron un fraude y, a continuación, participar en los comicios que el régimen convoque bajo la divisa de que no se pueden perder espacios.

Es imperativo ser consecuente para no perder la confianza del pueblo. Participar en convocatorias del régimen sin las garantías adecuadas es cometer suicidio con la asistencia del verdugo. El diálogo y la asistencia a los comicios electorales son mandatorios siempre que sea en un plano de igualdad.

La convivencia de los demócratas con un régimen despótico es prácticamente imposible, como lo dice Luis Almagro, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA): "Es muy claro que cualquier fuerza política que acepta ir a una elección sin garantías se transforma en instrumento esencial del eventual fraude, y demuestra que no tiene reflejos democráticos como para proteger los derechos de la gente, en ese caso, el voto".

Un elemento vital para que una alternativa política sea viable es que la ciudadanía reciba mensajes claros y precisos, sin que se contradigan las palabras y los hechos. Lo contrario conduce a que el individuo pierda la confianza en su liderazgo, situación que se refleja en la disminución de su presencia en la lucha cívica, incluyendo las contiendas electorales, campos en los que la población venezolana se ha expresado firmemente con harta frecuencia.

La soberbia o la autosuficiencia no deben formar parte de los recursos de un candidato democrático, a pesar de que nunca faltaran críticos por mucho que se acierte. No importan la dedicación y los sacrificios. Las piedras y los ladridos contra quienes cabalgan son constantes; no obstante, hay que sentirlos y escucharlos para rectificar si fuera necesario. Los errores conducen más pronto al fracaso de una propuesta que la habilidad que el enemigo tenga para destruirla.

Parecía que los venezolanos habían logrado concertar las corrientes de opinión más importantes de la nación en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD); no ha sido así.Las actuaciones de algunos de sus dirigentes han afectado dramáticamente a la sombrilla de organizaciones, al extremo de que su capacidad de convocatoria y operacional pueden quedar seriamente afectadas, con independencia de quienes se retiren o permanezcan.

Otra clave, al menos, en el caso de Venezuela, es tener plena conciencia de que los que controlan el poder no son adversarios sino enemigos. Ellos intentan aniquilar sin contemplaciones a quienes se les enfrenten, de ahí lo válido de una afirmación del escritor José Antonio Albertini: "Nosotros no derrocamos al régimen de los Castro, pero siempre supimos a quiénes nos enfrentábamos, y tal parece que un sector de la oposición venezolana no se ha percatado de que están luchando contra criminales que, por conservar el poder, son capaces de las crueldades más extremas y de las maniobras más viles".

Todo parece indicar que la oposición venezolana demanda un nuevo liderazgo, individuos con una actitud coherente, capaces de instrumentar una nueva estrategia que restaure la confianza del pueblo e incremente la solidaridad internacional. Por supuesto que no es fácil, pero el deber siempre demanda esfuerzos, cada vez mayores y los venezolanos han demostrado a través de su historia ser fieles al legado libertario de Simón Bolívar.

Promover igualdad de oportunidades educativas a jóvenes que provienen de hogares de medios-bajos/ bajos recursos y tienen muy buen desempeño académico para evitar la desafiliación del sistema educativo.

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